Ni siquiera el ABC se libra de los estereotipos sexistas, también ellos plantean que la violencia femenina tiene que ver con los padres maltratadores del pasado, supongo que será el peaje que tendrán que pagar para no ser criticados cuando publican una noticia que va completamente en contra del discurso dominante. Lo que nos cuentan en la noticia que transcribo más abajo es que, como ya se decía en el informe Fiebert y en tantos otros sitios, las mujeres maltratan a sus parejas: Las chicas no son las víctimas de los malos tratos, sino las agresoras. La igualdad en Finlandia, que trae estas cosas... allí parece que no todo es "Por ellas, para ellas... y de ellos".
Los resultados de un estudio realizado por el Instituto de Investigaciones Criminales y Políticas de Helsinki, Finlandia, («Rättspolitiska Forskningsinstitutet») sobre la criminalidad de los jóvenes y la violencia entre parejas indica, en contra de lo que se creía hasta ahora, que las chicas no son las víctimas de los malos tratos, sino las agresoras.
El estudio indica que en la vida en común entre jóvenes, son las féminas las que insultan, maltratan psíquicamente y golpean a sus amigos o amantes. Un nueve por ciento de los varones ha declarado haber sufrido amenazas, humillaciones, palizas y patadas de las chicas de su «pandilla» o entorno, y solamente un dos por 100 de las chicas reconocen que «alguna vez» se le ha ido la mano a algunos de sus amigos o a su «hombre». La violencia femenina es mucho mayor entre novios y parejas formales ya que una cuarta parte de los chicos ha recibido palizas de su novia, empujones, golpes bajos y otras vejaciones. Sin embargo, esos constantes maltratos no les desaniman a mantener su proyecto de vida en común ni les quitan las ganas de vivir juntos.
Los expertos explican que el alto grado de agresividad de estas vikingas modernas, no se debe a que exista un sexismo femenino. Es más bien uno de los pecados de la igualdad entre sexos conseguida en estos países nórdicos y a la total paridad de derechos en el lenguaje, los sentimientos y en las relaciones de familia. Estas jóvenes castigadoras, o «verdugos» femeninos, han visto probablemente a su padre maltratar a su mujer, y, por decirlo así, así hoy se vengan de todos los sufrimientos soportados por sus progenitoras y por otras mujeres.
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sábado, 10 de octubre de 2009
jueves, 8 de octubre de 2009
¿Cómo definir la violencia femenina?
No suelo tener dificultades para expresar lo que siento o lo que pienso, pero me bloqueo cuando alguien me pide que describa por qué soy incapaz de oponerme con firmeza a los designios de mi mujer, cumpliendo a rajatabla el dicho ese de que "si tu mujer te pide que te tires de un piso procura que sea el primero".
No soy feliz, como casi nadie, pero tengo un serio problema de pareja: Temo a mi mujer. Hay una explicación fácil para esto, soy lo que Paco Martínez Soria llamaría un calzonazos, y otra más difícil de creer: Ella ejerce violencia sobre mí. No me considero lo primero, me gusta hablar las cosas, llegar a conclusiones favorables para todos y ayudar si me es posible a la felicidad de los demás, pero tampoco puedo demostrar lo segundo.
Temo a mi mujer, a sus reacciones agresivas, a un conjunto de cosas que han ido ocurriendo durante los veinte años largos de convivencia que llevamos. Temo sus mentiras, su forma de organizar las cosas que ocurren de tal manera que el culpable siempre soy yo, sus exigencias, esa actitud que convierte en dogma de fe la idea de que ella trabaja y se sacrifica por mí y para mí cuando los dos sabemos (o deberiamos saber) que es justo al revés, a esos enfados tan exagerados, a sus gritos, a su descontrol, a cómo pierde el respeto, insulta y grita a los niños, sus excesos con el dinero que yo gano trabajando mientras ella disfruta de una libertad que para mí resulta envidiable. La temo a ella porque, aunque intento que sea de otra forma, no puedo evitar verla como una persona malvada y aprovechada.
Ella ejerce violencia sobre mí con sus amenazas larvadas, con sus gritos, con sus demandas ante las que es difícil negarse si no quieres pasar por el rechazo, los gritos, los portazos, el "ahora me marcho de la mesa porque ese niño me molesta", el "me marcho porque aquí no hay quien viva", o el "esta casa es una mierda". Por eso tengo que irme de vacaciones a playas de mierda cuando lo que me gustaría sería quedarme en el pueblo como Delibes, tirar los muebles a la basura porque quiere comprarse otros, acabar el mes con diez euros en la cartilla del banco y quedarme sin ir a ver a mi familia porque a ella le molestan.
No sé describir por qué me siento como me siento pero sí que no soy el único. Y que, o hacemos algo, o estas arpías nos van a sacar los ojos de las órbitas y van a mear dentro. Porque a ellas se les permite todo y nosotros fuimos, somos y seguiremos siendo, unos pringados.
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viernes, 28 de agosto de 2009
Violencia contra los hombres en la pareja: Destapando mentiras
Lo novedoso del estudio que se cita a continuación no está en el contenido, que todos conocemos, sino en que una institución pública se ha atrevido a realizarlo y publicarlo, y que un periódico español de gran repercusión se ha hecho eco de ello.
UNA CUARTA PARTE DE LOS JÓVENES IRLANDESES HAN SIDO AGREDIDOS POR SU NOVIA
Los resultados de un estudio realizado por el Instituto de Investigaciones Criminales y Políticas de Helsinki, Finlandia, («Rättspolitiska Forskningsinstitutet») sobre la criminalidad de los jóvenes y la violencia entre parejas indica, en contra de lo que se creía hasta ahora, que las chicas no son las víctimas de los malos tratos, sino las agresoras.
El estudio indica que en la vida en común entre jóvenes, son las féminas las que insultan, maltratan psíquicamente y golpean a sus amigos o amantes. Un nueve por ciento de los varones ha declarado haber sufrido amenazas, humillaciones, palizas y patadas de las chicas de su «pandilla» o entorno, y solamente un dos por 100 de las chicas reconocen que «alguna vez» se le ha ido la mano a algunos de sus amigos o a su «hombre». La violencia femenina es mucho mayor entre novios y parejas formales ya que una cuarta parte de los chicos ha recibido palizas de su novia, empujones, golpes bajos y otras vejaciones. Sin embargo, esos constantes maltratos no les desaniman a mantener su proyecto de vida en común ni les quitan las ganas de vivir juntos.
Los expertos explican que el alto grado de agresividad de estas vikingas modernas, no se debe a que exista un sexismo femenino. Es más bien uno de los pecados de la igualdad entre sexos conseguida en estos países nórdicos y a la total paridad de derechos en el lenguaje, los sentimientos y en las relaciones de familia. Estas jóvenes castigadoras, o «verdugos» femeninos, han visto probablemente a su padre maltratar a su mujer, y, por decirlo así, así hoy se vengan de todos los sufrimientos soportados por sus progenitoras y por otras mujeres.
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sábado, 27 de junio de 2009
Aislar para dominar
La violencia de las mujeres hacia los hombres adopta formas más o menos sutiles y las más de las veces encubiertas. No es habitual encontrarse a un hombre al que su señora le ha puesto el ojo morado o le ha roto un brazo de una paliza. Normalmente, el varón tiene la suficiente fuerza física como para defenderse de los ataques de su mujer, y esto la suele disuadir de intentar la violencia física contra él.
Esto no quiere decir que las mujeres no sean violentas contra nosotros. Sus conductas agresivas adoptan muchos formatos. Uno de ellos es el rechazo a la red de apoyo social del hombre, a sus amigos, amigas y familia. El formato más cruel se da en el rechazo a la madre de él, lo que en una entrada anterior denominé "Síndrome de alienación maternal".
Es curioso cómo la costumbre permite que se pisotee sistemáticamente el derecho de un hombre y sus hijos a relacionarse con sus seres queridos mientras favorece que tenga relaciones meramente sexuales fuera de la pareja. No es nuevo que en nuestra sociedad española occidental existe una doble moral que mide por distinto rasero las acciones y derechos de unos y de otras, haciendo cierto aquello de que todo es "Por ellas, para ellas...y de ellos".
El mismo discurso que permite el abuso criminaliza al hombre por no oponerse a la dominación por parte de su mujer mientras olvida que si fuese al revés la sociedad se volcaría con todos los medios a su alcance para perseguir al maltratador que vulnera los derechos femeninos. Se inculca a los varones que su familia es la que han creado con su mujer, que es a ella a quien deben obediencia, y que por ella dejarán a su padre y a su madre. Esto no se aplica, ni se enseña, ni se exige, a las mujeres.
El resultado es que el mundo está llena de madres rechazadas por sus nueras y queridas por sus hijas, de
(al parecer) mujeres tan malvadas que no merecen la atención de los hijos de su hijo pero que son unas santas para los hijos de su hija. Es curioso, porque el rechazo femenino hacia las mujeres a quien perjudica, casi tanto como al varón, es a ellas mismas, pero su ceguera les impide anticipar que lo que ellas están haciendo se les hará unos años más tarde.
Mientras tanto, seguimos pidiendo la venia a nuestras mujeres para poder ver a nuestras madres. Otro día hablaré de cómo hacen para dominarnos. ¿Hace falta que lo cuente?
Esto no quiere decir que las mujeres no sean violentas contra nosotros. Sus conductas agresivas adoptan muchos formatos. Uno de ellos es el rechazo a la red de apoyo social del hombre, a sus amigos, amigas y familia. El formato más cruel se da en el rechazo a la madre de él, lo que en una entrada anterior denominé "Síndrome de alienación maternal".
Es curioso cómo la costumbre permite que se pisotee sistemáticamente el derecho de un hombre y sus hijos a relacionarse con sus seres queridos mientras favorece que tenga relaciones meramente sexuales fuera de la pareja. No es nuevo que en nuestra sociedad española occidental existe una doble moral que mide por distinto rasero las acciones y derechos de unos y de otras, haciendo cierto aquello de que todo es "Por ellas, para ellas...y de ellos".
El mismo discurso que permite el abuso criminaliza al hombre por no oponerse a la dominación por parte de su mujer mientras olvida que si fuese al revés la sociedad se volcaría con todos los medios a su alcance para perseguir al maltratador que vulnera los derechos femeninos. Se inculca a los varones que su familia es la que han creado con su mujer, que es a ella a quien deben obediencia, y que por ella dejarán a su padre y a su madre. Esto no se aplica, ni se enseña, ni se exige, a las mujeres.
El resultado es que el mundo está llena de madres rechazadas por sus nueras y queridas por sus hijas, de
(al parecer) mujeres tan malvadas que no merecen la atención de los hijos de su hijo pero que son unas santas para los hijos de su hija. Es curioso, porque el rechazo femenino hacia las mujeres a quien perjudica, casi tanto como al varón, es a ellas mismas, pero su ceguera les impide anticipar que lo que ellas están haciendo se les hará unos años más tarde.
Mientras tanto, seguimos pidiendo la venia a nuestras mujeres para poder ver a nuestras madres. Otro día hablaré de cómo hacen para dominarnos. ¿Hace falta que lo cuente?
miércoles, 29 de abril de 2009
Violencia de mujer
Uno de los mayores engaños de la "teoría" del género es que afirma que la violencia sólo puede ejercerse desde el hombre hacia la mujer, y eso lo considera dogma de fe. El credo del género dice que hay un solo agresor verdadero, que es el hombre.
Por mucho que nos lo intenten hacer creer, quien más quien menos todos hemos padecido la violencia de mujer. Tal vez no nos peguen, ni nos maten a cuchilladas, ni nos arrojen por las ventanas, pero ejercen sobre nosotros una dominación que nadie quiere ver o que todos se empeñan en no ver. La violencia contra el hombre es, sobre todo, simbólica, en el sentido que plantean las feministas de género.
Creo firmemente que cuando ellas nos hablan de violencia de género y se centran en la que no es estrictamente violencia física, lo que hacen es proyectar la forma en que ejercen su dominación sobre nosotros. Controlan nuestro dinero, nuestras relaciones, nuestras aficiones, el modo cómo pasamos el tiempo, introducen en nuestras vidas una dominación sibilina de la que en un principio no somos conscientes y de la que no podemos defendernos cuando cobramos esa conciencia, y lo hacen consiguiendo aterrorizarnos en lo más íntimo de nuestro ser.
Violencia de mujer... pues claro que existe. Se produce donde nadie puede verlo, en el hogar, su reducto de seguridad. Allí ellas se creen las dueñas y señoras, ejercen su dominación sobre el varón que no dispone de recursos para defenderse porque no se le reconoce legitimidad para hacerlo: Él es el patriarca, el machista, el que carga con todo el peso de la familia a su mujer, quien malcría a sus hijos, quien se deja dominar por su madre y sus hermanas, quien no la hace caso, quien no pasa tiempo con ella. Todo esto son dogmas de fe que, por esa condición, no pueden discutirse de ninguna forma.
La realidad es, en muchos casos, bien distinta. El patriarca es, en realidad, el perro de presa que tiene que defender a su mujer de las agresiones exteriores, sus puñetazos en la mesa se producen sólo de cara a la galería y cuando traspasa el umbral de la puerta de su casa es un calzonazos atemorizado al que sólo mueve el deseo de conseguir que su mujer deje de atormentarle, de producirle un temor que no es capaz de reconocer. Su machismo queda reducido a la nada, a un reparto de las tareas del hogar tan injusto que reconoce sólo la aportación de ella y ningunea la de él, y su papel a la hora de tomar decisiones relevantes es nulo porque no se le permite hacerlo y no porque cargue con la responsabilidad a su mujer. Tampoco malcría a sus hijos, sino que tiene unas pautas educativas diferentes, que tampoco se le autorizan porque sólo hay una forma correcta de hacerlo: la de su mujer. Más que estar dominado por su madre y hermanas, lo que quiere es estar con ellas y no se le permite porque se las rechaza, y no pasa tiempo con su mujer porque ella sólo se dirige a él para imponerle compras, acciones, exigencias, y la convivencia con ella es un suplicio.
Las mujeres (algunas, muchas, todas, eso lo dejo a criterio del lector) son violentas, dañinas para nosotros. Tanto que, a veces, hasta acostarse con ellas es un suplicio porque con ciertas mujeres uno no hace el amor, sólo le joden, le exigen un sexo que sólo result gratificante para ellas, como tantas otras cosas en la vida.
Y es que todo es Por ellas, para ellas... y de ellos"
domingo, 1 de marzo de 2009
Womanize, Britney Spears

¿Habrían permitido las bienpensantes autoridades de este país que se realizase un videoclip en el que...
- Un hombre aparece en un centro de trabajo rodeado de mujeres y ellas bailan a su alrededor?
- ¿Y si el hombre empujase a una mujer contra la silla una y otra vez mientras baila alrededor de ella?
- ¿Y si le soltase una bofetada en la cara mientras baila?
- ¿Y si después la mujer se levantase y fuese detrás del hombre, que sigue bailando, intentando casi desesperadamente que le haga caso?
- ¿Y si ella se situase en cuclillas detrás de él e intentase coger su culo entre las manos?
- ¿Y si él, sentado en la fotocopiadora, le diese una patada y después le regalase una fotocopia de su propio culo?
- ¿Y si luego la cogiese por los collares y lanzase su cara contra la fotocopiadora con fuerza?
- ¿Y si, además, ella dejase la cara apoyada en la fotocopiadora y él se apoyase en actitud dominante en la parte baja de la espalda de ella mientras otra mujer contempla la escena con una taza de café en la mano?
- ¿Y si después, mientras ella toma café con sus amigas, él se acercase bailando y la levantase delante de ellas agarrándola por los collares mientras ella se queda atónita mirando lo que ocurre?
- ¿Y si ella en lugar de protestar por la agresión se quedase embobada detrás de él, mirándole con admiración y deseo?
- Y si, después de disfrutar sexualmente del cuerpo de ella, la empujase sobre la mesa de la cocina de un restaurante, con el cocinero allí presente?
- ¿Y si luego se le montase encima, se comiera una cereza y le diese el palito?
- ¿Y si, cuando fuese a hablar, le pusiera el dedo en la boca y le dijese que se callara?
- ¿Y si después le empujase encima de la cama con fuerza?
- ¿Y si al momento siguiente lo bajase de la cama de una patada?
- ¿Y si después lo cogiese del cuello y apretase?
- ¿Y si lo lanzase de espaldas contra la cama y ella saltase de culo encima?
- ¿Y si luego la manoseasen entre un montón de hombres?
¡Esto es una muestra del patriarcado machista! ¡Que desaparezca este video ahora mismo! ¡Que quien corresponda tome cartas en el asunto y sancione a los culpables!
Bueno, pues no es una muestra de patriarcado machista. Es lo que ocurre en el video Womanize de Britney Spears, pero como la agresora es una mujer y el agredido es un hombre nadie dice nada. ¿O es que en el amor y en la guerra vale todo pero sólo cuando la agresora es la mujer?
Claro que, como todo es "Por ellas, para ellas... y de ellos"
lunes, 26 de enero de 2009
Sobre la violencia femenina
Extraigo algunas de las perlas que se contienen en el interesantísimo artículo de Genciencia.com sobre la violencia femenina (nada nuevo, por otra parte, pero sorprende que alguien se atreva a tratar este tema y no le cierren la web a los 15 minutos...)
Es más que interesante la reflexión que hace Sergio Parra sobre el tema.
A pesar de las apariencias, a pesar de que existe la tipificación penal de la violencia de género del hombre hacia la mujer pero raramente ocurre a la inversa, las mujeres y los hombres poseen una cuota de agresividad y crueldad muy similares. Antes de que las asociaciones feministas se me tiren encima (de forma no violenta, claro), vamos a intentar matizar esta afirmación.
La cuestión fundamental es que la violencia femenina primigenia no se esfuma. Toda mujer esconde un Charles Bronson en su fuero interno, machote y bigotudo, pero aprende a reconducir esta violencia explosiva a otras formas de expresión más sibilinas. Empieza a recurrir a las palabras, que pueden ser más afiladas que una espada, y las mujeres se convierten entonces en expertas manipuladoras psicoemocionales.
Los hombres también son duchos en el empleo de estas armas que apenas hacen ruido, pero no siempre son capaces de expresarse de esta manera, y culturalmente no se cuestiona en tanta medida que un hombre necesite dar un puñetazo sobre la mesa.
Entre las niñas la ira se manifiesta de otras formas específicas. Una niña enfadada frecuentemente responde marchándose, dándose la vuelta, mostrando desprecio hacia quien la ofende, aparentando que no existe. Se retira, ostentosa y agresivamente. Entonces su silencio airado casi se puede oír. Entre los niños y niñas de once años, las niñas expresan su ira tres veces más frecuentemente que los niños con un desprecio jactancioso. Además, a esta edad, las niñas utilizan más que los niños un tipo de agresión denominado agresión indirecta.
La agresión indirecta consiste en calumniar, en chismorrear, en difundir rumores malignos, en establecer estrategias y alianzas contra terceros que dejarían a Terminator patidifuso. En definitiva, la violencia masculina deja señales claras y evidentes en forma de hematomas; la femenina provoca hematomas psicológicos más profundos que son difíciles de detectar y de medir, y por tanto castigar. Existen muchas formas de agresión más dolorosas y eficaces que un puñetazo, y lo más probable es que te ahorres una temporada entre rejas si las empleas.
Paradójicamente, cuanto más derechos adquieran las mujeres y mayor igualdad entre sexos exista, mayores ejemplos de agresión directa femenina se originarán. De modo que la conclusión que podemos extraer de estos estudios es que las mujeres se ven obligadas a ser más maquiavélicas que los hombres. Por el contrario, ignoro si la persecución sistemática por vía judicial y social de los agresores masculinos es el método más eficaz para eliminar esta lacra; parece que el ideal se acerca más a conseguir que la violencia masculina directa sufra una censura y una represión social y cultural semejante a la femenina. La violencia, entonces, no desaparecería, pero adoptaría otras formas para colarse por las fisuras del escrutinio social y legal.
El problema, pues, no parece tener una fácil solución. Si hay menos violencia física, entonces la violencia se vuelve indirecta, y viceversa. La violencia permanece. Entonces, ¿debemos encontrar la manera de castigar la hipócrita afabilidad tanto en hombres y mujeres de la misma forma que se castiga el puñetazo? ¿Hay que promover más largometrajes protagonizados por mujeres de armas tomar?
Los conflictos entre personas parecen inherentes en la sociedad. Cada uno, entonces, usará las armas que mejor maneja para salir victorioso. Ha ocurrido siempre y seguirá ocurriendo (ahora mucho menos que antes, a pesar de las alarmistas noticias con las que desayunamos cada mañana). Pero al menos sería bueno borrar algunos tópicos sexistas por el camino. Es la única pretensión de este humilde artículo. Mujeres y hombres son igualmente violentos, feroces y crueles. Tengamos eso en cuenta la próxima vez que revisemos las últimas cifras de agresiones asociadas a la violencia de género.
Es más que interesante la reflexión que hace Sergio Parra sobre el tema.
A pesar de las apariencias, a pesar de que existe la tipificación penal de la violencia de género del hombre hacia la mujer pero raramente ocurre a la inversa, las mujeres y los hombres poseen una cuota de agresividad y crueldad muy similares. Antes de que las asociaciones feministas se me tiren encima (de forma no violenta, claro), vamos a intentar matizar esta afirmación.
La cuestión fundamental es que la violencia femenina primigenia no se esfuma. Toda mujer esconde un Charles Bronson en su fuero interno, machote y bigotudo, pero aprende a reconducir esta violencia explosiva a otras formas de expresión más sibilinas. Empieza a recurrir a las palabras, que pueden ser más afiladas que una espada, y las mujeres se convierten entonces en expertas manipuladoras psicoemocionales.
Los hombres también son duchos en el empleo de estas armas que apenas hacen ruido, pero no siempre son capaces de expresarse de esta manera, y culturalmente no se cuestiona en tanta medida que un hombre necesite dar un puñetazo sobre la mesa.
Entre las niñas la ira se manifiesta de otras formas específicas. Una niña enfadada frecuentemente responde marchándose, dándose la vuelta, mostrando desprecio hacia quien la ofende, aparentando que no existe. Se retira, ostentosa y agresivamente. Entonces su silencio airado casi se puede oír. Entre los niños y niñas de once años, las niñas expresan su ira tres veces más frecuentemente que los niños con un desprecio jactancioso. Además, a esta edad, las niñas utilizan más que los niños un tipo de agresión denominado agresión indirecta.
La agresión indirecta consiste en calumniar, en chismorrear, en difundir rumores malignos, en establecer estrategias y alianzas contra terceros que dejarían a Terminator patidifuso. En definitiva, la violencia masculina deja señales claras y evidentes en forma de hematomas; la femenina provoca hematomas psicológicos más profundos que son difíciles de detectar y de medir, y por tanto castigar. Existen muchas formas de agresión más dolorosas y eficaces que un puñetazo, y lo más probable es que te ahorres una temporada entre rejas si las empleas.
Paradójicamente, cuanto más derechos adquieran las mujeres y mayor igualdad entre sexos exista, mayores ejemplos de agresión directa femenina se originarán. De modo que la conclusión que podemos extraer de estos estudios es que las mujeres se ven obligadas a ser más maquiavélicas que los hombres. Por el contrario, ignoro si la persecución sistemática por vía judicial y social de los agresores masculinos es el método más eficaz para eliminar esta lacra; parece que el ideal se acerca más a conseguir que la violencia masculina directa sufra una censura y una represión social y cultural semejante a la femenina. La violencia, entonces, no desaparecería, pero adoptaría otras formas para colarse por las fisuras del escrutinio social y legal.
El problema, pues, no parece tener una fácil solución. Si hay menos violencia física, entonces la violencia se vuelve indirecta, y viceversa. La violencia permanece. Entonces, ¿debemos encontrar la manera de castigar la hipócrita afabilidad tanto en hombres y mujeres de la misma forma que se castiga el puñetazo? ¿Hay que promover más largometrajes protagonizados por mujeres de armas tomar?
Los conflictos entre personas parecen inherentes en la sociedad. Cada uno, entonces, usará las armas que mejor maneja para salir victorioso. Ha ocurrido siempre y seguirá ocurriendo (ahora mucho menos que antes, a pesar de las alarmistas noticias con las que desayunamos cada mañana). Pero al menos sería bueno borrar algunos tópicos sexistas por el camino. Es la única pretensión de este humilde artículo. Mujeres y hombres son igualmente violentos, feroces y crueles. Tengamos eso en cuenta la próxima vez que revisemos las últimas cifras de agresiones asociadas a la violencia de género.
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sábado, 6 de diciembre de 2008
Madre condenada por violencia intrafamiliar
NO PODRÁ ACERCARSE AL MENOR DURANTE MÁS DE UN AÑO
Condenan a una madre a 45 días de cárcel por abofetear a su hijo de 10 años en Jaén
La discusión comenzó porque el niño, de diez años, no había hecho los deberes
El menor lanzó una zapatilla a la madre y ésta le abofeteó y le agarró por el cuello
La sentencia recoge que el hijo 'tiene un carácter difícil y desobediente
Para mí esta sentencia es un avance. ¿Por qué? Pues porque les demuestra que también ellas pueden ser condenadas, que no quedan impunes ante leyes restrictivas que consideran maltrato a casi todo y que explicar las agresiones por el "se lo merecía" tampoco queda impune en su caso.
Así que quizás algo esté empezando a cambiar, y ya no todo sea
"Por ellas, para ellas... y de ellos". Ojalá
Condenan a una madre a 45 días de cárcel por abofetear a su hijo de 10 años en Jaén
La discusión comenzó porque el niño, de diez años, no había hecho los deberes
El menor lanzó una zapatilla a la madre y ésta le abofeteó y le agarró por el cuello
La sentencia recoge que el hijo 'tiene un carácter difícil y desobediente
Para mí esta sentencia es un avance. ¿Por qué? Pues porque les demuestra que también ellas pueden ser condenadas, que no quedan impunes ante leyes restrictivas que consideran maltrato a casi todo y que explicar las agresiones por el "se lo merecía" tampoco queda impune en su caso.
Así que quizás algo esté empezando a cambiar, y ya no todo sea
"Por ellas, para ellas... y de ellos". Ojalá
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