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viernes, 28 de mayo de 2010

Iron Man II también es sexista



Acabo de ir a ver al cine Ironman 2 y no salgo de mi asombro, o tal vez sí porque ya estoy acostumbrado. Hasta en Hollywood las cosas pintan mal para nosotros los hombres, ciudadanos de segunda regional tanto para los poderes públicos como para el entramado mediático. Ironman es un personaje del universo Marvel, otro fruto de la cantera de Stan Lee, un tipo obsesionado con el progreso, las vidas atormentadas y los efectos del desarrollo tecnológico en el ser humano. En sus historias las mujeres aparecían como compañeras de los super-héroes y como super-heroínas en ocasiones, pero nunca como sucedáneos de ellos. Nacían, vivían, morían, luchaban y amaban desde un plano de igualdad. Claro que eran otros tiempos, y Stan Lee podía permitirse imaginar mutaciones que no acababan en cáncer sino en mejoras que servían para hacer más fácil la vida de los humanos aunque tuvieran contrapartidas más que incómodas.

En pleno siglo XXI, con Marvel como gran adquisición del imperio Disney, Hollywood se ha atrevido con la segunda parte de uno de los personajes secundarios del mundo atormentado de Stan: Ironman. La peli es lo esperable en cuanto a argumento, acción y efectos especiales, pero tiene un par de toques hembristas más que curiosos, situaciones que no creo que se produjeran a la inversa.

La primera es la de mostrar al prota como un rico excéntrico, que incapaz de regir el destino de su empresa le cede la dirección a la mujer que hasta entonces había estado en la sombra. Ella aparece como un ser responsable, que se preocupa de llevarlo todo a buen puerto, eficiente y capaz. Él como un narcisista egocéntrico, que se deja llevar por impulsos, poseído por el lado oscuro del poder, en una pose no muy lejana a la del Spiderman negro de Spiderman 3. Seguramente la industria del cine, en pleno siglo XXI, no se habría atrevido a mostrarnos a la rubia como la narcisista y a él como el eficiente.

La segunda se da cuando una empleada de reciente contratación , la cual se insinua que tuvo más que ver con que el narcisista se fijó en sus voluptuosas curvas que en otros aspectos, tiene que luchar contra una pandilla de guardias que defienden no sé qué instalaciones. Mientras el forzudo esbirro del narcisista se pasa un rato peleándose de igual a igual con otro individuo, ella se ha cargado a trece o catorce. ¿Alguien imagina a un hombre cargándose diestramente mujeres que defienden unas instalaciones mientras una mujer se tira de los pelos con otra? Aído y sus secuaces no lo permitirían ni en España, ni en Hollywood ni en Honduras.

Ahora lo que prima son los derechos de las mujeres. Su derecho a vapulear hombres, a privarlos de la guarda y custodia de sus hijos, a expulsarles de su casa y privarles del fruto de su trabajo, y también a presentarlos como unos pobres enclenques con los que las mujeres pueden hacer lo que les da la gana.

Por cierto, y siento destripar el final de la peli, al final el poder en la empresa vuelve a manos del narcisista. Por algo será.