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jueves, 6 de agosto de 2009

Algo progresamos: Más custodia compartida


A ver si los niños dejan de ser de una vez "Por ellas, para ellas... y de ellas"

La justicia empieza a dar también al padre la custodia de los hijos

Los jueces valoran cada vez más la implicación del progenitor en la crianza
PERE RÍOS - Barcelona - 04/08/2009

Algo está empezando a cambiar en España en las sentencias de separación y divorcio. Cada vez es menos excepcional que los jueces acuerden la custodia compartida de los hijos cuando los progenitores no se ponen de acuerdo en lugar de otorgársela casi siempre a las madres. Y son precisamente las juristas -juez, fiscal o abogada- las que están tras esas sentencias que reconocen la implicación previa del padre en la educación de los hijos mientras duró la pareja y la necesidad de que siga así tras la ruptura.
Los abogados de familia constatan que, desde hace poco más de un año, existe un goteo de sentencias en este sentido, aunque es imposible de cuantificar, pues el Consejo General del Poder Judicial no elabora una estadística de este fenómeno a diferencia de lo que ocurre con otras realidades sociales que afectan a la mujer. En los últimos días han trascendido dos resoluciones que avalan la tendencia. La primera, dictada por la Audiencia de Barcelona, respalda la
custodia compartida que impuso la juez de familia, a propuesta de la fiscal, a la vista del desacuerdo de los padres: cada uno reclamaba para sí los niños, entonces muy pequeños.

"La novedad de la sentencia es que va más allá de la petición de las partes y que refleja la coparentalidad que había antes de la ruptura", apunta Elvira Rodríguez Sáenz, la abogada del padre, especializada en derecho de familia. "Los jueces tienen una potestad sobre los menores y deben ejercerla, han de salirse de la norma habitual si se dan determinados supuestos", añade. El texto judicial relata cómo ha ejercido la paternidad Manuel Guaita, de 47 años y agente de
aduanas. Cuando estaba casado, solicitó la reducción de jornada hasta el máximo de cuatro horas que permite la ley. Fue él quien se ocupó por las noches de la lactancia artificial del pequeño de sus dos hijos, que nació prematuro. Y era quien los llevaba al médico y los recogía del colegio y las actividades extraescolares, pues la madre es una empresaria a la que su trabajo no se lo
permite.
La resolución se produce en el marco de una ley del divorcio que dice que la custodia compartida se concederá "excepcionalmente" cuando los progenitores estén de acuerdo antes o durante el proceso judicial, o si el juez considera que así se protege mejor el interés de los menores. La excepcionalidad a la que alude se introdujo en una enmienda votada de madrugada en el Senado. Los representantes del PSOE dijeron en su día que votaron por error, pero lo cierto es que nunca se enmendó.

"En España existe un maltrato institucional hacia los hombres por su simple condición de serlo que es un cáncer social del que nadie se ocupa", afirma Cristina Tenas, portavoz de Asociación de Mujeres por la Igualdad y la Custodia Compartida. Y recuerda a los millares de personas que están sufriendo los efectos de la ley. "¿Quién les devolverá a esos niños la infancia robada? ¿Y
esos padres que quisieron ocuparse de sus hijos y no les dejaron?".

La otra sentencia reciente la ha dictado una juez especializada en violencia de género, también con el beneplácito de la fiscal, y otorga la custodia compartida de dos niñas pese a que está pendiente de resolverse en ese juzgado la denuncia de la madre contra el padre por maltrato psicológico. Esta última sentencia resulta aún más significativa si se recuerda que el artículo 92.7 del Código Civil prevé que no procederá otorgar la custodia compartida cuando, entre otros
motivos, "existan indicios fundados de violencia doméstica", lo que hace pensar que la juez pudo considerar que denuncia no tenía fundamento.

José Manuel, de 50 años y arquitecto de profesión, prefiere no identificarse porque la ex esposa no ha firmado aún el convenio regulador derivado de la sentencia. En su caso, las medidas provisiones le otorgaron a la madre la custodia de las dos hijas, que ahora tienen 10 y 12 años, pero ya le permitieron pasar dos días entre semana con ellas, al margen de los fines de semana
alternos. En la práctica es una custodia compartida, pero entre algunos jueces existe cierto reparo a que la resolución lo recoja así de claro. No es sólo una cuestión semántica, porque ese reconocimiento implica también unas cargas económicas al fijar la pensión de alimentos y determina el uso de la que fue vivienda de la pareja. Pese a la ruptura, José Manuel siguió conviviendo en el mismo techo porque no se ponía de acuerdo con su ex para vender la vivienda y dos plazas de aparcamiento. Hasta que él se fue de vacaciones con las niñas y, cuando regresó, la madre le había cambiado la cerradura y le había denunciado por maltrato psicológico. La juez le dio 10 días para que abandonara el domicilio. Luego el caso estuvo paralizado unos meses, hasta que se celebró el juicio en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 5 de Rubí, especializado en violencia doméstica. Pese a haber una denuncia pendiente de resolución, la
fiscal y los informes de los psicólogos informaron a favor de la custodia compartida.

"Me han salvado mis hijas porque siempre me he ocupado de ellas y nuestra relación es buenísima", explica. Fue él quien solicitó que juez y psicólogos entrevistaran a las niñas. "Sabía que dirían que querían seguir estando con su padre y su madre después".

Isidro Niñerola, presidente de la Asociación Española de Abogados de Familia, explica que se empieza a notar el cambio de tendencia de los jueces, sobre todo, de los jóvenes. "Hace uno o dos años era impensable que se concedieran custodias compartidas en los divorcios contenciosos"

También los abogados empiezan a tener otra actitud con sus clientes y ya no les quitan de la cabeza que pidan la custodia compartida, reconoce Niñerola. "Lo fácil es decirle a un padre que no se la van a dar o coger sólo a mujeres como clientas. Depende de las ganas de trabajar que tenga cada cual", explica Elvira Rodríguez. "Cada vez hay más clientas que te dicen que, desde que se han separado, sus hijos han ganado un padre que antes no tenían", añade la letrada.
Niñerola lo ratifica. "Hay una nueva generación de madres divorciadas que ya no piensan que los hijos son sólo de ellas y que son conscientes de que necesitan espacios propios".

Menos optimista es el abogado José Luis Sariego. "Puede que algo esté cambiando, pero los jueces siguen siendo muy restrictivos"
. Fernando Basanta, presidente de la Federación Andaluza para la Defensa de la Igualdad Efectiva, apunta que "lo que hace falta es otro marco legal que regule la custodia compartida de forma clara". Hay ya dos autonomías, Cataluña y Valencia, que proyectan establecer una coparentalidad.

Lo que dice la ley - Artículo 92.8 del Código Civil:

"Excepcionalmente, aun cuando no se den los supuestos del apartado cinco de este artículo [el acuerdo entre los padres logrado antes del proceso judicial o durante el mismo], el juez, a instancia de una de las partes, con informe favorable del Ministerio Fiscal, podrá acordar la guarda y custodia compartida fundamentándola en que sólo de esta forma se protege adecuadamente el interés superior del menor".

lunes, 18 de mayo de 2009

Violencia económica


Uno de los conceptos que más invocan las feministas de género para defender ese curioso concepto de "violencia exclusiva contra las mujeres" es el de la violencia económica. Ellas, con su grandísima inteligencia, consideran que el ejercicio del poder patriarcal por parte de los hombres hacia las mujeres se produce también en el área del dinero, hablándose de violencia económica.

En psicoterapeutas.com (http://www.psicoterapeutas.com/paginaspersonales/concha/violenciadegenero.htm) he encontrado la siguiente definición de violencia económica:
Se trataría de la violencia “económica”, en la que el agresor hace lo posible por controlar el acceso de la víctima al dinero, tanto por impedirla trabajar de forma remunerada, como por obligarla a entregarle sus ingresos, haciendo él uso exclusivo de los mismos (llegando en muchos casos a dejar el agresor su empleo y gastar el sueldo de la víctima de forma irresponsable obligando a esta a solicitar ayuda económica a familiares o servicios sociales).

¿Esto sólo ocurre del hombre hacia la mujer? Permítanme que lo dude:

"El agresor hace lo posible por controlar el acceso de la víctima al dinero"
Muchos hombres no tienen acceso al dinero que ganan, lo aportan a la unidad familiar y es su mujer quien decide cómo, en qué, cuándo y cuánto se gasta. Su acceso al dinero está muy limitado, ya que si ellos decidiesen también cómo gastar incurrirían en violencia de género, al ejercer control sobre el acceso de su mujer (y por lo tanto de la unidad familiar) al dinero. Esta situación es más frecuente en las familias en las que sólo trabaja el hombre, como puede suponerse.

"tanto por impedirla trabajar de forma remunerada"
Esto en el caso del género masculino suele ser al revés, se les hace ver que son unos inútiles si no trabajan y que ellas no van a tener mantenidos en casa. Según la creencia popular, un hombre que no trabaja (y por lo tanto no aporta) es un vago y un indeseable, y es su responsabilidad aportar económicamente a la pareja o a la unidad familiar. El caso contrario no suele ser cierto.

"como por obligarle a entregarle sus ingresos"
Ya hemos visto que un hombre siempre tiene que entregar sus ingresos a la unidad familiar porque su competencia principal es proveerles de dinero y seguridad. Así que a los hombres se les fuerza a entregar sus ingresos pero esto se considera lo habitual, en ningún caso es violencia de género. Sí que lo sería en el caso contrario.

"haciendo ella uso exclusivo de los mismos"
¿Quién decide en qué se gasta el dinero en las familias? El 80% o más de los gastos los decide la mujer, que es quien realmente hace uso exclusivo del dinero, especialmente si sólo trabaja el hombre. Esto también se considera normal, y no violencia de género como sería a la inversa.

"llegando en muchos casos a dejar el agresor su empleo y gastar el sueldo de la víctima de forma irresponsable obligando a esta a solicitar ayuda económica a familiares o servicios sociales"
Esto es lo más gráfico de todo. ¿Cuántas mujeres, de una u otra forma, abandonan su trabajo (o no llegan a trabajar nunca) y viven del sueldo de su marido (la víctima) de forma irresponsable (dando tarjetazos, pasándose las tardes de tienda en tienda, obligando a pasar los fines de semana en centros comerciales, imponiendo vacaciones absurdas y carísimas...)? Muchas más que hombres.
Una diferencia en relación a la "violencia exclusiva contra las mujeres" es que los hombres raras veces piden ayuda económica a familiares o a servicios sociales. En lugar de eso buscan otros trabajos en los que producen más dinero, que sigue siendo requisado para la Hacienda Femenina, y acabando gastado de la misma forma irresponsable. Se ven metidos en un círculo vicioso del que no pueden salir.

¿Y qué decir de la liquidación de la sociedad de gananciales tras el divorcio? Si eso no es violencia de género, que venga el Constitucional y lo vea (si quiere verlo, claro).

Alguien pensará que todo esto es una sucesión de tópicos. Yo más bien creo que, como todo, en el tema de la violencia todo es Por ellas, para ellas... y de ellos

Un hombre ingresa en prisión por una deuda de 70,90 euros con su ex-esposa (añadido 17-1-2010)
la ex-mujer de Michael Douglas exige la mitad de su sueldo por Wall-Street 2. (añadido 12-7-2o10)

miércoles, 1 de abril de 2009

Maltrato contra los hombres


Una creencia muy extendida en nuestra sociedad española del siglo XXI es que sólo las mujeres sufren maltrato dentro de la pareja, y en ese sentido los poderes públicos han arbitrado un buen número de medidas para proteger a las mujeres de las agresiones de sus parejas. No ocurre sólo en España, desde Beijing en 1995 (año más, año menos) la violencia contra las mujeres se ha convertido en un objetivo prioritario de los gobiernos, en una lacra social que hay que erradicar.

La hipótesis de que en la convivencia el violento es el hombre es algo tentador. El modelo social imperante en el pasado, en el que en teoría era él quien llevaba los pantalones, y una legislación que al parecer primaba los derechos del hombre sobre la mujer pudo llevar a que muchos varones se sintieran más allá del bien y del mal y se creyeran con poder para decidir sobre las vidas de sus mujeres y de sus hijos.

En nuestro siglo XXI las cosas han cambiado. Las leyes son muy protectoras con los derechos de las mujeres, y se ha producido una especie de giro de 180º de tal forma que ahora son ellas quienes cuentan con las prerrogativas "regias" que las convierten en sujetos objeto de especial protección por parte de los poderes públicos y del resto de la sociedad. Tanto las leyes como las normas de conducta no escritas las defienden hasta extremos que recuerdan e incluso superan el poder masculino de otros siglos. Ellas paren y ellas deciden, en todos los ámbitos de la vida.

Algunos hombres se creyeron más allá del bien y del mal en el pasado, cuando aparentemente gozaban del poder en las familias. Con el giro copernicano de finales del siglo XX y comienzos del XXI eso está ocurriendo con muchas mujeres. Se creen -y disfrutan de él- con poder para establecer las reglas del juego, de relación y de organización de los núcleos de convivencia, tanto familiares como incluso en el entorno laboral. Esta creencia en el poder y la asunción del papel dominante en la relación lleva a que tengan que recurrir a todos los medios a su alcance para mantener su posición preeminente, y todos incluye la violencia.

Ahora bien, ¿cómo es la violencia femenina? En algunas ocasiones recurren a la fuerza, pero en este plano la mayoría de ellas se encuentran en desequilibrio en relación a sus compañeros. Su violencia es simbólica, difícil de detectar, invisible, sutil, pasiva, pero no por ello menos dañina que la que ejercían en el pasado los hombres sobre las mujeres. La dificultad para identificarla y su daño progresivo en el tiempo son dos de sus características principales.

Los hombres sufrimos maltrato, un maltrato sutil que no podemos reclamar ante ninguna instancia porque no hay leyes que nos defiendan y porque tampoco podemos fundamentarlo. No podemos ir a la policía diciendo que nuestra mujer nos pega, al menos la mayoría, y si decimos que tenemos que escapar de nuestra casa y refugiarnos en el trabajo, el fútbol, el deporte o cualquier otra de esas "adicciones" que tanto les molestan quizás sea porque se nos ha expulsado del lugar que tendría que ser nuestro hogar, y se ha hecho por medios sibilinos e indemostrables. Podríamos hablar del rechazo hacia nuestras familias, de la manía que nuestras mujeres tienen a nuestras madres y a nuestras hermanas, de cómo ejercen un tipo sutil de violencia económica gastando sin más control que el que fuerza la ausencia de dinero en la cuenta, de cómo exigen que estemos siempre localizables, o bien trabajando o bien camino de casa, o bien realizando una actividad declarada mientras muchas de ellas disponen de todo el tiempo del día sin justificar, de cómo maltratan nuestros objetos jubilándolos mucho tiempo antes de que lo necesiten, especialmente si han sido regalos de nuestras madres o hermanas, de cómo critican las pautas educativas que seguimos con nuestros hijos, de cómo...

Y no sólo es lo que nos hacen. Es que no tenemos a quien recurrir. Porque cuando se las maltrata a ellas casi se las cree sin que tengan que aportar pruebas, mientras que cuando vamos nosotros casi se nos responde que eso es imposible, que esto es un patriarcado y que son los hombres quienes maltratan a las mujeres. No estamos tan lejos de recibir la respuesta "algo habrás hecho para que ella te haga eso".

Porque ellas pueden repudiarnos y ganar económicamente, privarnos de nuestros hijos y recibir para ello apoyo de los poderes públicos, atemorizarnos con sus comportamientos impredecibles, inconsistentes y dañinos de varias formas diferentes pra nosotros, con su lenguaje que cumple la función de apoyar lo que necesitan y no lo que "realmente" ocurre, con su rechazo, y sobre todo con ese poder aparentemente oculto que todos sabemos que tienen.

Por eso sigo creyendo que todo es Por ellas, para ellas... y de ellos

martes, 25 de noviembre de 2008

El otro ángulo del machismo

En el Día mundial para la eliminación de la violencia contra las mujeres es fácil preguntarse por qué se presta tanta atención al daño que sufren ellas y tan poca al que sufren ellos, como si los actos violentos en el marco de la pareja o de la familia fuesen el formato de agresión más importante que sufren los seres humanos.

Algunos medios llaman a eso que las feministas de género denominan "violencia de género" con el nombre de "violencia machista". En "Por ellas, para ellas... y de ellos" he realizado una revisión de los conceptos de machismo, hembrismo, masculinismo y feminismo que no voy a repetir aquí, pero sí que podemos analizar la concepción de machismo que se encuentra en Wikipedia.

Básicamente, consideran que el machismo es un conjunto de actitudes y prácticas sexistas vejatorias u ofensivas llevadas a cabo contra las mujeres, que se mantiene por leyes discriminatorias contra la mujer, diferencia de tratamiento en el caso del adulterio, educación machista para inculcar unos roles determinados, división sexista del trabajo o información/publicidad sexista.

Actualmente las leyes sitúan los derechos de la mujer un punto (o dos) por encima de los del hombre, se dictan leyes específicas para protegerlas de la violencia en el ámbito de la pareja sin su contrapartida masculina. En caso de adulterio, sea de quien sea, la custodia de los hijos se suele dar a la madre y con ella la mayor parte de todas las propiedades comunes de la pareja, la mayoría de las pensiones compensatorias se dan a mujeres y no a hombres, en las escuelas, con mayoría de docentes femeninas, se educa para una igualdad que encubre un trato más favorable hacia mujeres que hacia hombres, vemos a pocas mujeres en trabajos arriesgados físicamente, y no existen anuncios de televisión en los que se ponga en ridículo a a las mujeres pero sí a hombres. Además, cuando una mujer mata a su pareja se silencia, se le da poca relevancia mediática, o incluso a veces se justifica, mientras que cuando es un hombre quien lo hace es un caso de "violencia machista".

¿No deberíamos decir que vivimos en una sociedad hembrista?

¿Por qué será? Pues porque todo es
"Por ellas, para ellas... y de ellos". No podía ser de otra forma.