domingo, 14 de agosto de 2016

Se cargaron al mensajero

Uno más, y van no sé cuántos. En un periódico de tirada nacional de esos que dan una de cal y otra de arena se han cargado a un periodista por atreverse a discrepar contra el discurso de género, por intentar entender las cosas desde otro ángulo y atreverse a mirar un poco más allá de lo que la limitada visión del género nos impone.

En el artículo censurado, al parecer el columnista plantea que un acto de violencia extrema, totalmente reprobable y que merece la más enérgica condena, puede ser realizado por un chico normal, apuntándose a la idea de que no es necesario estar loco ni ser un psicópata, sino que en un arrebato uno puede perder el control y ejercer violencia contra otra persona, en este caso una mujer que ha decidido romper la relación y que además le informa de que no era el padre del hijo que ella esperaba. La reacción y la frialdad con la que la llevó a cabo fueron horribles, pero no estamos juzgando eso ahora. Juzgamos la falta de permisividad de la sociedad con los comentarios que van en contra del discurso dominante.

El autor del artículo no defiende al agresor, sólo intenta que se vea lo ocurrido desde otra perspectiva diferente a la del asesino-asesinada. Intenta indagar en las profundidades del ser humano, entender por qué una persona asesina a otra, y hace un poco de introspección para preguntarse cómo reaccionaría si le ocurriese a él. Es un artículo de opinión, el punto de vista de un ser humano sobre un drama humano, pero desde una perspectiva diferente, nada más.

Veamos ahora cómo han reaccionado los colectivos "afines al discurso dominante". En kaosenlared.net, Salvador Soria (http://www.kaosenlared.net/noticia/chico-normal-salvador-sostres-mundo-7-abril-2011 ) vierte las siguientes palabras llenas de buen rollete y deseos de paz y amor:

Si yo escribo aquí que si un día me cruzo a este tipo le mato ¿es libertad de expresión o se puede considerar un delito de amenazas, o qué se yo? Ojalá nunca me cruce con este tipo en mi camino, pero de momento estoy pensando en borrarme de A.I. por si alguna vez ocurre, al menos no atentar contra mis principios, que ya no contemplan la no violencia contra una persona en casos como éste. Ojalá nunca me encuentre contigo, S. Sostres… A mí también podría darme por hacer lo que defiendes al sufrir la “violencia de encontrarte”…
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Hoy ya me siento rebasado. Esto no es ultraderecha, no es facherío, no es defensa obscena de intereses particulares desde lo público, no es revisionismo histórico… Es mucho más, hasta el punto de que Pedro J. ha retirado de la edición digital el blog del impresentable de Sostres, a día de hoy, y al menos desde Fernando VII, el mayor (poner vosotr@sel apelativo, a ser posible acudiendo a los re-…, …-ísimo, propios del insulto “en argentino”) de este país. [Por cierto, periodistas: ¿cómo toleráis que alguien como este tipo firme en el mismo periódico que vosotr@s?]

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No tengo adjetivos que no hagan alusión a su madre, y ni me gusta calificar de “hijo-de-la-grandísima-reputa” por ello, ni por el hecho de que el insulto que lleva por genérico una violencia de género que intento evitar, así que le ponéis vosotr@s los calificativos que creáis, que yo no tengo palabras…

Este, al parecer, puede expresar su indignación, meterse con la madre del articulista, y pedir que se le retire la posibilidad de expresar opiniones en un periódico. No entra a juzgar el fondo del artículo, le basta con quedarse en la superficie (como se hace tantas veces en los análisis superficiales y apresurados del cibermundo) y aplicar la misma crítica al monstruo que al que intenta entender (sin justificar) la monstruosidad. El colega de kaosenlared se atreve a hacer apología de la violencia, a amenazar de modo más bien claro que velado al articulista, y supongo que sus comentarios en vez de críticas habrán recibido aplausos. No intenta entender, pero se cree más allá del bien y del mal y con capacidad para juzgar cuando nadie se la ha dado.

Mucho más moderado es el discurso de Igor R. Iglesias en elplural.com (http://igoriglesias.wordpress.com/2011/04/10/sostres-no-es-un-chico-normal/) Igor defiende que no se puede considerar "chico normal" a quien comete un crimen de este tipo, vincula la violencia a la posesión patriarcal y plantea que habría existido otra forma de resolver el conflicto menos sanguinaria. A mi modo de ver, lo fastidia criticando al medio que permite al articulista publicar el texto y defendiendo al periódico que desde siempre se ha considerado el boletín oficial del gobierno. También se queda en la superficie, sin pararse a pensar por qué el "tipo normal" hizo lo que hizo.
Se ha erigido en salvador de asesinos machistas. No digo esto porque sea políticamente correcto la oposición a la violencia sobre la mujer ejercida por parte de su pareja o expareja. Esa oposición Enlacesurge de la inteligencia, del respeto, del amor a la humanidad, de la defensa de la dignidad de las personas y de su derecho a no recibir maltrato físico ni psicológico ni siquiera cuando su comportamiento no contente a otros. Esa oposición surge de no ser y no querer ser como esos a los que el tal Sostres llama “chicos normales”.

Entender por qué un hombre puede matar a su pareja es ser como ese violento asesino, pues es como decir que en el papel de ese “chico normal” el tal Sostres hubiese hecho lo mismo. Así es el pensamiento machista, el de quien confunde el amor y los sentimientos con la posesión, el de quien considera que su pareja es suya. Por eso es importante decir a individuos como este: tu mujer no es tuya.
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Lo comprensible en esta historia no es que el “chico normal” haya matado a su novia embarazada (supuestamente de otro; lo mismo le dijo eso, pero no tiene por qué ser cierto), porque los chicos normales no hacen eso. Lo comprensible hubiese sido que el chico hubiese cortado con la chica, haciendo lo que hacen las personas que luchan contra la naturaleza violenta que nos subyace en términos filogenéticos (lucha que nos lleva a ser humanos). Cortar con la chica es lo normal; matarla, no. Es algo tan obvio que no es posible concebir que alguien pueda entender la violencia machista, como incomprensible es que tipejos como este tal Sostres tengan la posibilidad de dirigirse a un público a través de un medio de comunicación, que es responsable subsidiario de todo lo que escribe, opina y vomita el normal del tal Sostres.
En blogsfcom.es (http://fcom.us.es/fcomblogs/mujeresempresas/2011/04/08/indignacion-y-verguenza-ante-el-articulo-de-sostres/) no iban a ser menos, y también se quedan en la superficie. Veamos sus palabras:
En un artículo de opinión titulado “Un chico normal” Sostres justifica y disculpa el crimen cometido por el joven rumano de Torrejón de Ardoz, que asesinó a su novia embarazada y mostró el cadáver a su padre por la webcam. No voy a repetir sus palabras porque si, nunca debieron ser escritas, tampoco tendrían que ser repetidas, ni siquiera para denunciarlas.
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La fiscal Soledad Cazorla ha declarado hoy mismo en la cadena Ser que estudiará el artículo para ver si es constitutivo de delito. La Secretaria de la Mujer de CCOO de Madrid interpondrá una querella por apología del delito contra Salvador Sostres y “los responsables” de la publicación. El Instituto de la Mujer considera muy grave lo sucedido y ha asegurado que esto puede considerarse apología de la violencia de género. En la misma línea se ha manifestado el delegado del Gobierno contra la violencia de género, Miguel Lorente, que ha calificado de “inaceptable” lo ocurrido.
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Ya he mencionado en otra entrada la importancia que tienen los medios de comunicación en la condena de la violencia de género y el fin de las ideas machistas sobre la “normalidad” de la violencia del hombre sobre la mujer. Afortunadamente, la consternación que ha provocado el artículo de Sostres en todos los sectores de la sociedad nos hace pensar que estamos en la buena dirección. Pero no conviene olvidar que para llegar a este punto de condena unánime y rechazo social de los maltratadores ha sido necesario que el crimen machista se cuente, se denuncie y se criminalice en los medios de comunicación y en las instituciones, como también ha sido y seguirá siendo fundamental la implicación de la ciudadanía en la prevención y denuncia de los casos. No podemos relajarnos ni dar un paso atrás.

La libertad de información y la libertad de expresión son grandes conquistas al servicio de una opinión pública libre y no están para amparar los delirios aberrantes y el insulto de un periodista en busca de una notoriedad ganada a fuerza de pisar la dignidad de los hombres y las mujeres que ante sucesos como el ocurrido en Torrejón de Ardoz gritan muy fuerte: NO A LA VIOLENCIA MACHISTA.

Las asociaciones de mujeres y de usuarios de medios y la Federación de Periodistas también pusieron su granito de arena, el día 10 de abril de 2011 (http://www.publico.es/espana/370501/la-libertad-de-expresion-no-ampara-los-crimenes-machistas):
No es la primera vez que un comentario en un medio de comunicación provoca una repulsa multitudinaria en la sociedad. Ni es la primera vez que Sostres es su protagonista. Pero este caso ha sido la gota que ha colmado el vaso: hay hechos, como un asesinato, con los que no se puede azuzar el debate y para los que la libertad de expresión no sirve de burladero. Así lo destacan el Gobierno, los periodistas, las asociaciones de mujeres y los usuarios de los medios.
En su artículo, Sostres se mostró comprensivo con el hombre de 21 años que el miércoles mató a su novia embarazada, de 19 años, al enterarse de que esta le iba a dejar y de que el hijo que esperaba era de otro hombre. El agitador escribió que no justifica un asesinato, pero llegó a expresar que se reconoce "en el dolor del chico". "Cuando todo nuestro mundo se desmorona (...) ¿puedes estar seguro de que serías en todo momento plenamente consciente de lo que hicieras?", planteó. La Fiscalía investiga si perlas dialécticas como estas son delito.
Pese a las críticas, Pedro J. Ramírez seguirá contando con Sostres, aunque se reducirán las colaboraciones y se leerán con lupa. Cuando venza el contrato, Ramírez estudiará si le renueva. "Tiene que colocar en el otro lado de la balanza sus principios periodísticos", asegura Elsa González.
El Observatorio de Violencia sobre la Mujer debatirá el próximo martes si se toman medidas contra Sostres. Su vicepresidenta, Yolanda Besteiro, que también preside la Federación de Mujeres Progresistas, insta a los medios a que actúen para evitar que se repitan estos episodios. "Con su palabra incita a otros hombres, da cobertura a los maltratadores. Ha tirado por tierra nuestro trabajo del día a día", lamenta. Ángela Cerrillos, la presidenta de la asociación Themis, también llama a los medios y a la sociedad civil a actuar: "Los ciudadanos debemos denunciar cuando se traspase la frontera haciendo apología del delito".

Dejemos pasar el tiempo y veamos qué ocurre. Esto no ha hecho más que empezar... ¿o no?

sábado, 13 de agosto de 2016

Nos valoramos poco, muy poco... y así nos va


“Esta ronda la pago yo”. “¿Me invitas a una copa?” “Mi marido es muy bueno conmigo, siempre me ha dejado toda la libertad del mundo con el dinero”.

Los hombres de este país nos valoramos poco. Tanto que es casi una cuestión de honor pagar las rondas en el bar cuando te juntas con un grupo de amigos y si no te han dejado hacerlo con la primera lo haces con la segunda, la tercera o la que te toque. Irse sin sacar la cartera y hacer los honores al honor es casi un acto de vileza, de miseria, propio de fracasados tal vez porque muestra que eres tan poquita cosa que ni siquiera puedes meter la mano en el bolsillo y sacar unos billetes. Es también una cuestión de honor, aunque cada vez menos porque también cada vez creemos más en la igualdad, invitar a las mujeres en las visitas al bar, al menos cuando del tiempo de ocio se trata que en el trabajo no se entiende de sexos. ¿Y qué decir de preocuparse de en qué se gasta el dinero de la unidad familiar? La mujer, los hijos, los gastos comunes, las vacaciones en el mar y la renovación periódica del ajuar y mobiliario son tareas ineludibles y necesarias, no merece la pena ni ocuparse ni preocuparse de ello. En la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, la familia no se entiende sin compartir. Los hombres de este país somos generosos con nuestros amigos, seres queridos, conocidos y el mundo en general.

No sé hasta cuándo podríamos remontarnos para conocer el origen de tan altruista comportamiento, pero se me ocurre que tiene un cierto parecido con los banquetes de la época de los romanos. En aquella época el pater familias era un tipo respetado, honorable y valorado en su entorno. Daba igual que se tratase de un centurión de la guardia pretoriana del mandamás de turno o del individuo que limpiaba las alcantarillas (digo yo que habría alcantarillas en aquella época). Más allá del reconocimiento social que el hombre recibía por su trabajo, y que como en todas las épocas de la historia era variable, cuando volvía a su casa era un ciudadano romano más y organizaba, siempre dentro de la medida de sus recursos económicos, reuniones en plan tragaldabas a las que muy apropiadamente denominaban banquetes y en las que intentaba aparentar y darse a conocer como un romano pudiente. Había dos organizaciones sociales paralelas: La del trabajo, con sus niveles de estatus y poder, y la de la vida privada que funcionaba por la vía del famoseo y que también otorgaba no poco estatus permitiendo al pater familias sentirse importante, valorado y apreciado en su ciudad. Y es que por aquel entonces ser un don nadie socialmente debía ser mucho peor que ahora.

Nosotros no celebramos banquetes, al menos no con la frecuencia con la que lo hacían los antiguos romanos. Cierto que todavía tenemos una cierta querencia a santificar las fiestas alrededor de una mesa y el banquete se ha convertido en parte necesaria en bodas, bautizos, comuniones y demás. En estos eventos la familia organizadora (porque ahora el pater familias pasó a la historia y quien organiza todo esto suele ser la mater familias, su madre, hijas y hermanas) no repara en gastos para impresionar a los asistentes y mostrar su nivel de estatus, aunque a diferencia de los tiempos de los romanos el gasto suele sufragarse a escote por la mayoría de los asistentes. Lo importante es que asistan los invitados clave, y que vean que en esa casa las cosas se hacen por todo lo alto aunque luego tengan que pedir un préstamo para pagar la revisión del coche o Cáritas les abone el recibo de la luz, al fin y al cabo eso no se ve. Tal vez nuestras grandes comilonas para aparentar hayan quedado reducidas a la BBC, las fiestas de Navidad en las que algunas familias comen como si no hubiera mañana sin darse cuenta de que lo único que consiguen con tanto aparentar es hacer el tonto porque es absurdo demostrar a tus hijos, nueras y yernos que eres capaz de gastarte el dinero en comer inventos de lo mas absurdo que lo más seguro que van a hacer es producirte una indigestión además de elevar tus niveles de glucosa en sangre, incrementar tu colesterol y agravar la incipiente gota que seguro que vas incubando desde hace mucho tiempo, y los días en que queremos impresionar a la mater familias llevandola a comer al restaurante pijo ese que esta tan de moda, que al fin y al cabo el amor hay que cuidarlo y a la pareja hay que conquistarla un poco cada dia. Pero, fuera de eso, la ancestral costumbre del banquete diario, semanal o quincenal parece haberse ido perdiendo o al menos diluyendo en el tiempo.
Ahora nos hemos vuelto minimalistas. En vez de pegarnos un opíparo cenorrio nos vamos con los amigotes al bar y nos tomamos una ronda de lo que sea, y luego otra, otra, y otra. Sacamos la cartera y decimos con suficiencia aquello de “esta la pago yo”. Pagamos una, dos o tres en función del pecunio del que dispongamos y nos quedamos mas anchos que largos porque, aunque luego hayan hecho lo propio los otros, hemos sido los primeros y nuestro acto tiene mas valor, hemos demostrado a nuestros compañeros que la vida nos va bien, que somos ciudadanos de primera y que, aunque en nuestra sociedad matriarcal del siglo XXI sea nuestra mujer la que lleva todo en nuestra casa, siempre nos queda una pequeña aldea gala, un reducto de dignidad en el que somos unos auténticos pater familias. Como tiene que ser.

Ahora ha vuelto a ponerse de moda la caballerosidad y todos queremos ser caballeros aunque sea como don Quijote y no escuderos como Sancho Panza, un tipo que sería simpático, pero es un ejemplo de fracasado, perdedor y un buen numero de antivirtudes sociales. Ahora que lo pienso no creo que seamos tampoco muy partidarios de ser como don Alonso Quijano, sino más bien como algun otro alto dignatario de cuyo nombre tal vez no nos acordemos pero que se distinguía por su estatus, poder y respeto a los demás, especialmente al sexo femenino. Porque una de las grandes virtudes del caballero es el respeto y la veneración a las mujeres, el aceptar sin ninguna duda aquello que dice que si un barco se hunde han de salvarse primero las mujeres y los niños, o la ley no escrita que prescribe que a las mujeres jamás se les pega. Para un caballero la vida de un hombre tiene una importancia relativa, la de una mujer absoluta, y el honor (¿que honor?) es fundamental hasta el punto de tener que defenderlo con todos los medios al alcance llegando incluso, si necesario fuese, a exponer la propia vida como se hacía en la época de los románticos que se batían en duelo cuando se veían mancillados. Ahora, afortunadamente, ya no nos batimos en el duelo y hemos aparcado la zafia expresión “ven aquí si tienes cojones”, pero mantenemos un concepto de caballerosidad modificada, como modificada es nuestra versión de los banquetes. Somos también caballeros minimalistas, y nuestro respeto extremo a las mujeres ha desaparecido en todas las situaciones en las que pueden ser nuestras rivales pero se mantiene intacto cuando del ocio y el juego de la seducción se trata. Como los pobres ignorantes que somos, fuimos o estamos dejando de ser, entendemos que somos nosotros quienes las conquistamos y que tenemos que ponernos a sus pies y tratarlas como princesas para poder gozar de sus favores. En el fondo no estamos tan lejos de don Quijote y Dulcinea, aunque nosotros al menos oímos su voz, las olemos y sentimos su aliento. Por eso, cuando hay posibilidad de una relación cercana, nos convertimos en sus chóferes, las acompañamos a centros comerciales, miramos para el otro lado mientras opinan que nuestras madres y hermanas son unas miserables y las suyas unas santas, loamos hasta la saciedad todo aquello que dicen hacer por nosotros y además pagamos sus consumiciones cuando acudimos a los centros de ocio que, cuando las grandes superficies comerciales no están disponibles, son bares y restaurantes. No nos importa que ellas no paguen las consumiciones, porque en este caso también estamos haciendo una ostentación de estatus y posición social, demostrándolas que podemos ser unos buenos aprovisionadores de sus necesidades. Porque un caballero nunca se preocupa de si mismo, lo importante es y sera siempre su familia, y el respeto que pueda infundir en la sociedad que le rodea.
Y, si queremos impresionarlas para que se conviertan en nuestras parejas, también debemos comportarnos como caballeros cuando lo sean. Si con las invitaciones les demostramos que podíamos ser buenos aprovisionadores cuando mantengamos la convivencia, además de agradecerles todos y cada uno de los días de nuestra vida la abnegación y el sacrificio que hacen por nosotros, no podemos ser cicateros y hemos de dejarles disponer como y cuando quieran del dinero que ganamos en nuestro trabajo, ganen ellas o no en el suyo y especialmente si no lo hacen. No preguntemos más que si tienen suficiente y, si no es así, busquemos otro empleo, subamos los precios de los productos que vendemos, engañemos a nuestros clientes o llevemos a cabo lo que haga falta para que a ellas y al resto de nuestra familia no les falte de nada. Seamos caballeros.

Nos hemos valorado poco a lo largo de toda la historia. Nuestros antepasados murieron luchando por Dios, por la Patria, por ideales que nunca merecieron que por ellos se vertiera ni una gota de nuestra sangre. Nos creímos aquello de la discriminación de la mujer y permitimos que se aprobaran leyes que las favorecian sobre nosotros. Cedimos el control que nunca tuvimos sobre el mundo privado y hemos llegado a un lugar común en el que la vida de un hombre apenas tiene valor, como no lo tienen ni sus ideales ni sus acciones a no ser que beneficien a alguien. Y al tocar fondo nos ha ocurido lo mismo que a Adán y Eva cuando estaban en el paraíso y comieron del árbol del conocimiento: Vimos que generación tras generación habíamos sido objeto de un gigantesco engaño, de una mentira asociada al estatus y al poder. Porque, como decía el tio Ben, un gran poder conlleva una gran responsabilidad y a nosotros, nuestros padres, nuestros abuelos y el resto de antepasados se las dieron todas en la misma cara porque fueron unos caballeros.
No se trata de convertirnos en unos hijos de puta porque tampoco lo fueron (¿o si?) quienes se beneficiaron del concepto de caballerosidad para aprovecharse siglo tras siglo de generaciones de hombres que nunca supieron si iban, venían, o qué coño hacían. Se trata de empezar a valorarnos, de entender que nuestra vida tiene un sentido, un camino, y que ni es ni tiene por que ser convertirnos en aprovisionadores ni en muñecos hinchables de nadie. Si os parece, podemos empezar por volver a valorar el dinero.

Cuando invitamos a los amigos o a la amiga en el bar, cuando nos despreocupamos de cómo y en qué se gasta el dinero que antes habíamos ganado estamos renunciando a una parte de nosotros mismos, y lo hacemos libremente porque nadie nos obliga a ello. Elegimos hacer una donación a personas que nos importan por caballerosidad, educación o porque sí, damos sin esperar nada a cambio más allá de un reconocimiento que sabemos efímero porque somos conscientes de que tenemos que recargarlo casi continuamente. Esperar recibir algo a cambio no es de caballeros, es de rufianes interesados y ninguno de nosotros aspira a tan bajo tratamiento, pero si pudiéramos pararnos a pensar por un momento podríamos darnos cuenta de que aquellos con los que creemos compartir realmente sólo están ahí para recibir y que, fuera de esos amigos que al igual que nosotros se prestan por hacer la misma donación de su dinero que nosotros hicimos antes, el resto desaparecerán cuando lo hagan el estatus y nuestro papel como fuentes de vida fácil.

Es prosaico y poco caballero hablar de dinero, pero también inevitable. Primero, porque no ser caballero no significa necesariamente ser rufián como no creemos que lo sean aquellos que se benefician de nosotros, y segundo porque habría que preguntarse cómo hemos hecho para conseguirlo y eso a buen seguro nos dará una información clara sobre su auténtico valor. Es más fácil gastarse lo que te tocó en un sorteo de la primitiva que aquello para lo que trabajaste durante varios años, o al menos así podría y me atrevo a decir que debería ser. Porque ese dinero que tan alegremente regalamos a unos y otros para hacerles la vida más fácil suele ser una parte de nuestra vida, el fruto de un tiempo de esclavitud pagada que ocupa la mayor parte de nuestros días. Desde que Adán adquirió el conocimiento al comer del árbol fue consciente de que ganaría el pan con el sudor de su frente y así ha sido para la mayor parte de nosotros. Tal vez por eso a alguien se le ocurrió devolvernos a la ignorancia, hacernos creer que el sentido de nuestra vida era aprovisionar a los otros y crear una familia en la que desempeñar el papel de pater por mucho que éste haya sido a lo largo de la historia más irrelevante que otra cosa.

Nos valoramos poco porque valoramos poco nuestro dinero, porque nos lo gastamos y permitimos que se gaste alegremente, que nos lo arrebaten los mercaderes con sus estrategias de marketing, nuestras familias con la avidez por consumir que caracteriza a muchas de ellas y todos aquellos que incluso más allá del comercio tradicional nos generan necesidades que sólo ellos pueden satisfacer y que nunca compensarán el tiempo de nuestras vidas que hemos dedicado a ellas. Nos valoramos poco porque no reivindicamos nuestros derechos, porque nos callamos asumiendo el rol de caballero que parecen habernos grabado en los genes, porque los hombres no se quejan, no lloran, sólo actúan y lo hacen para colaborar para el bien de otros, porque aceptamos con resignación el rol de esclavo que la sociedad nos impone para poder obtener una retribución que mayoritariamente disfrutan y gastan otros, porque realizamos conductas de riesgo que nos llevan a una destrucción más o menos lenta para poder soportar el desasosiego que nos supone no poder expresar lo que sentimos simplemente porque no se nos valora o no se tiene en cuenta.

miércoles, 8 de abril de 2015

La Guardia Civil y el tuit de género

Flipo con el asunto del tuit de la Guardia Civil sobre la violencia de género y la polémica que se ha generado. Para quien no  haya visto la foto, y por si acaso desaparece y no tiene la oportunidad de echarle un vistazo, contaré que la imagen de marras que a fecha tres de abril de dos mil quince se puede visualizar en Google escribiendo «tuit Guardia Civil violencia género» consta de un texto en el que se podía leer «tolerancia cero ante el maltrato en todas sus formas y variantes. DENUNCIA, no lleves la procesión por dentro» y debajo una imagen compuesta por otras dos. La primera parte de la fotocomposición es un cartel institucional con la foto de un hombre y el texto «Cuando maltratas a una mujer dejas de ser un hombre, tolerancia cero contra el maltrato». La segunda a la inversa, la foto de una mujer y el texto «cuando maltratas a un hombre dejas de ser una mujer, tolerancia cero contra el maltrato».




En plena Semana Santa, mientras todo parecía girar en torno al ocio, el periódico El Mundo (http://www.elmundo.es/espana/2015/04/02/551cfc84268e3e5a0a8b456b.html) se descolgó con el titular «La Guardia Civil, en el centro de las críticas tras un desafortunado tuit sobre violencia de género. El instituto armado es reincidente, pues ya publicó la misma imagen el pasado febrero». Según el artículo, el problema es que equipara los malos tratos cometidos por mujeres y hombres empleando un cartel original del Ministerio de Igualdad y una imagen manipulada que se atribuye a colectivos contrarios a las leyes y medidas que se han puesto en marcha en los últimos años para luchar contra la violencia sobre la mujer. En el tuit no se ve, pero en la parte superior de esta imagen aparece, en lugar del logo institucional, otro con los mismos colores pero con el texto «Gobierno de Hispanolandia, Ministerio de la Verdad».

La reacción más visible vino por parte del PSOE, quien no tardó en pedir a la Guardia Civil y al Ministerio del Interior explicaciones sobre cómo entienden la violencia de género. Marisa Soleto, presidenta de la Fundación Mujeres, consideró que equiparar ambas agresiones es una forma de  minimizar la violencia de género y que es muy grave que un cuerpo como la Guardia Civil se desmarque de las líneas oficiales. Para más inri Elena Valenciano, presidenta de la Comisión de Recursos Humanos del Parlamento Europeo, dice que no se puede equiparar la violencia contra la mujer con la violencia de la mujer hacia el hombre porque la primera es un fenómeno estructural, histórico y mundial. Debe ser que los hombres no sufren violencia.

La respuesta tardó en llegar, más de dieciocho horas, lo que en estos tiempos de redes sociales, tuits, trend topics y similares toda una eternidad, pero el instituto armado acabó pidiendo disculpas por haber empleado un fake en el tweet. Lo  malo es que añadieron «no queríamos equiparar, sólo animar a denunciarla». Supongo que eso será suficiente para que el Ministro del Interior ya no tenga que examinarse, no vaya a ser que no conozca lo suficiente la doctrina, suspenda el examen y luego a ver qué pasa.

CAUSAS DEL FLIPE
¿Que por què flipo? Pues porque no puedo entender casi nada de lo que está ocurriendo. Bueno, en realidad no es que no pueda, es que no quiero. Y no quiero porque muy poco o nada de esto me parece justo. Intentaré explicarme aludiendo a mi derecho a la libertad de expresión, que viene reconocido en la Constitución junto con el derecho a la igualdad por razón de sexo que al parecer y según sentencia del Tribunal Constitucional no se vulnera en el caso de la ley de violencia de género.

El PSOE
Analicemos por qué se quejan en el PSOE, pero antes intentemos situarlo en contexto. Quizás podríamos analizar la historia del concepto de violencia de género, de su relación con la OMS y la conferencia de Beijing donde recibió respaldo oficial pero nos iríamos muy atrás. Podemos acercarnos a la época de José María Aznar, en la que los colectivos feministas ya intentaron que en el Congreso se aprobase un articulado similar a la actual ley pero no fue admitido a trámite, así que mejor nos quedamos en la época de José Luis Rodríguez Zapatero, quien nada más llegar al poder se empeñó en impulsarla consiguiendo el apoyo de todos los grupos políticos incluido el PP. Así que tenemos tres bandas: De un lado, un PP que en un principio se opuso a la ley, después la aprobó por consenso junto con todas las demás fuerzas parlamentarias y cuando estaba en el poder ya tenía bastante con ocuparse de cuestiones económicas internas y externas; de otro un PSOE desnortado, consciente de que los colectivos que impulsaron la llegada al poder de ZP ahora se han organizado en un partido nuevo que va a suponerles una cuantiosa sangría de votos en las próximas elecciones generales, un PSOE que busca su identidad dentro del campo de la izquierda y necesita congraciarse con aquellos grupos de presión que tan buen resultado le dieron en el pasado, y en el tercer frente los grupos feministas radicales y asociaciones de mujeres que desde el advenimiento del PP han perdido una parte importante de su financiación y eso no le gusta a nadie. No olvidemos que, tras la consecución de iguales derechos para las mujeres hace ya muchos años, el feminismo tenía que buscar algo a lo que agarrarse para seguir vivo, y que ese algo fue la ideología de género.

La queja del PSOE es que el ministro y la Guardia Civil no entienden la violencia de género, y que han de examinarse de ello. Carmen Montón, que de esto debe saber un ídem, aprovechó el tuiter para pedir que se retirara el mensaje de la Guardia Civil por cuestionar la violencia de género y porque estaba cargado de la peor ideología. Analicemos sus argumentos: Si uno pide contra el maltrato tolerancia cero, sea el agresor hombre o mujer, ¿está cuestionando el concepto de violencia de género? Creo que no. Y tampoco entiendo cuál es la peor ideología esa de la que habla cuando lo único que se hace es pedir a hombres y a mujeres que denuncien las agresiones que puedan sufrir por parte de su pareja. Otra cosa es si el señor ministro o el community manager de la Guardia Civil se saben el temario oficial de violencia de género, porque que yo sepa ni para un puesto ni para el otro entra en el temario.

La Fundación Mujeres
La otra queja documentada en la prensa es la de María Soleto, presidenta de la Fundación Mujeres, quien cuestiona el rigor de la Guardia Civil por emitir un mensaje así, supongo que cargadísimo también de la peor ideología, esa que dice que uno debe denunciar si es agredido, independientemente de si es hombre o mujer. Ahora la igualdad para todos es malísima, terrible, ignominiosa y hasta patética. Bueno, pues yo no lo entiendo. Y no solo eso, pedir a los hombres que denuncien si son agredidos (porque con lo de que las mujeres lo hagan están de acuerdo)  perjudica los esfuerzos institucionales para erradicar los malos tratos contra la mujer. ¿Pero qué tiene que ver el que denuncien los hombres agredidos con esto? Tampoco lo entiendo. Nos lo explica más adelante cuando dice que equiparar ambas agresiones es una forma de minimizar la violencia de género, esto debe ser una muestra de la ideología buena, correcta y acertada, una ideología que tal vez sugiera implícitamente que las agresiones a mujeres son mucho más importantes que las agresiones a hombres. Su tercera aportación tampoco tiene desperdicio, la de que es muy grave que un cuerpo directamente implicado se desmarque de las líneas oficiales. ¿A  nadie se le ha ocurrido pensar que, quizás por la cercanía al ciudadano la Guardia Civil o alguna parte de ella menos vinculada al poder político, pueda tener razones más que fundadas para desmarcarse de esa postura? Son funcionarios y están al servicio del ciudadano, no del político ni del ideólogo.
Elena Valenciano, el poder de Europa
Por último, y para rizar el rizo, llega Elena Valenciano y, en un alarde demostrativo de la ideología correcta, nos dice que no se puede equiparar la violencia contra la mujer con la violencia contra el hombre. Pero ojo, que edsta mujer es la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, así que de esto debe saber un rato. Esgrime, además, el hecho de que en poco tiempo han fallecido cinco mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, lo que da idea de la magnitud del fenómeno. Lo que no explica es por qué no pueden denunciar los hombres que sufren agresiones.

Mi flipe
Creo que me he perdido en palabrería y no he explicado por qué flipo. Lo hago porque no puedo entender que se castigue a una institución pública por pedir que tanto ciudadanas como ciudadanos denuncien a su pareja en el caso de ser agredidos o agredidas por ella. Porque la función final de la Guardia Civil no es recaudar con las multas de tráfico, sino proteger a los ciudadanos que somos todos, hombres y mujeres. Sólo por eso. Y flipo porque les han callado la boca, porque han tenido que bajarse los pantalones y retirar un mensaje que a mí me parece mucho más igualitario que la ideología correcta que propugnan Elena Valenciano, Carmen Montón, Marisa Soleto  y todos los tuiteros que las han apoyado. Los hombres también sufrimos maltrato, tanto físico, como psíquico, simbólico y hasta institucional, pero no disponemos de apoyo para poder sacarlo a la luz.

Flipo por lo injusto de la situación, por el atentado a la libertad de expresión, por la cultura del miedo que se va instaurando en todo aquel que osa en el ejercicio de su libertad de expresión poner en tela de juicio la ideología de género, por la especie de censura encubierta que parece favorecer que las información sobre la violencia de mujer pase desapercibida, por la ausencia de estudios que muestren que todos y todas somos candidatos y posibles víctimas de violencia, y también por el hecho de que unas agresiones parecen estar más permitidas, toleradas o mejor juzgadas que otras. La violencia siempre produce dolor, sea la vìctima del sexo que sea.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Por ellas, para ellas... y de ellos (rev. 2011) en descarga gratuita


Cada vez son más las voces críticas que se alzan contra la ideología de género que parece presidir nuestra sociedad. En "Por ellas, para ellas.... y de ellos", se desgranan buena parte de los puntos clave del discurso feminista radical y se analizan desde el prisma de otro ángulo, alejado de los estereotipos machistas, hembristas, misóginos y misándricos. "Por ellas, para ellas... y de ellos" es una revisión, actualizada al año 2010, de los principales puntos débiles del discurso dominante en nuestra sociedad, construida desde la reflexión y desde la experiencia de quien ha tenido la aparente desgracia de nacer hombre y ser consciente de ello.

Puedes descargarlo gratuitamente en http://todoporellas.blogspot.com desde el 12 de septiembre de 2011.

jueves, 21 de julio de 2011

Te despluman hasta con separación de bienes

Me parece increíble hasta qué punto llega el abuso que estamos sufriendo por parte de los poderes públicos por el mero hecho de ser hombres. Resumo la noticia: Un hombre y una mujer se casan ¡¡¡ en régimen de separación de bienes !!! Ella, licenciada en Derecho, no ejerció trabajo remunerado ni antes ni después de contraer matrimonio. Cuando pidió el divorcio reclamaba pensión alimenticia y compensatoria de cantidades que ya nos quisiera ganar al común de los mortales, y por supuesto se quedaba con la custodia de los hijos. ¡ Y el Tribunal Supremo además le reconoce el derecho a cobrar atrasos por el sueldo de ama de casa!

Por muy increíble que parezca es cierto. Por muy evidente que sea el abuso, nadie quiere verlo. Nadie se plantea indemnizar al marido por haberla mantenido durante no sé cuánto tiempo, por haber dedicado su tiempo a ganar un dinero que seguramente luego se utilizó en la familia por mucha separación de bienes que hubieran hecho, nadie le indemniza por el tiempo que no pudo haber estado con sus hijos, etc. etc.

Aquí se valora como trabajo lo que hace el ama de casa y se asume que el pagano ha de ser su marido o ex-marido. Estas cenicientas de pacotilla se creen las dueñas del mundo y ahora unos legisladores sexistas y vendidos a grupos de presión mantienen aquella arcaica visión en la que el caballero debía cedérselo todo a la dama.

No culpo a los magistrados del Supremo que lo único que hacen es aplicar las leyes. Culpo a los legisladores, esos políticos que se mueren por tener poder y luego lo utilizan de forma demagógica, ignorante y dañina. No quiero más derechos que las mujeres, pero sí los mismos. No quiero ser discriminado por ser hombre, ni que se me utilice como esclavo de mi esposa o ex-esposa. No, señores, ellas no son nuestras aprovisionadoras, nosotros no tenemos por qué ser los suyos.

Es que todo es por ellas...


Nos están dando por culo y no hay manera de defenderse. ¿Cuál será la próxima?



El Tribunal Supremo ha fijado una doctrina por la cual establece el derecho de uno de los cónyuges a obtener una compensación tras el divorcio por haber contribuido a las cargas del matrimonio mediante el trabajo doméstico y para lo que requiere que la pareja hubiera pactado el régimen de separación de bienes. El Supremo establece que el ex-marido de una mujer divorciada debe compensarla con una cantidad de 108.000 euros en concepto de indemnización, por haber realizado las tareas del hogar durante los 15 años del matrimonio. La sentencia fija doctrina para estos casos, y ha sido recibida con júbilo entre las asociaciones que agrupan a las amas de casa.

En una sentencia, de la que ha sido ponente la magistrada Encarnación Roca Trías, el Tribunal Supremo destaca que no es necesario para obtener la compensación, prevista en el artículo 1.438 del Código Civil, que el otro cónyuge se haya enriquecido o haya incrementado su patrimonio "como consecuencia del trabajo realizado en el hogar por el cónyuge acreedor".

La Sala de lo Civil ha estimado así el recurso presentado por Piedad F. contra la sentencia dictada en 2008 por la Audiencia Provincial de Madrid, que revocó su derecho a recibir una indemnización por las labores domésticas con las que contribuyó a la carga del matrimonio que había fijado anteriormente el juzgado de Primera Instancia número 6 de Móstoles (Madrid).

OBLIGA A UN EXMARIDO A PAGAR 108.000 EUROS

El Supremo avala ahora el criterio del juzgado de Móstoles y ordena reponer la sentencia que este órgano dictó en 2007, por la cual ordenaba al exmarido abonar 108.000 euros en concepto de la indemnización prevista en el artículo 1.438 del Código Civil.

El juzgado calculó esta cuantía "multiplicando 600 euros, que costaría una empleada del hogar al mes, por doce meses y multiplicado por los 15 años de duración del matrimonio.

El Juzgado de Móstoles también atribuyó la custodia de la hija a la mujer, sin perjuicio de la patria potestad compartida por ambos progenitores, fijó una pensión compensatoria de 1.000 euros por cinco y una pensión alimenticia a favor de la menor de 800 euros.

Según los hechos probados, la pareja Vicente B. y Piedad F. contrajo matrimonio en 1991 y en 1995 nació la única hija del matrimonio. La esposa era licenciada en Derecho, aunque nunca había ejercido la profesión ni había llegado a cabo ningún tipo de actividad económica remunerada puesto que se dedicó al trabajo del hogar durante la convivencia.

En 2007, la mujer presentó la demanda de divorcio y solicitó una pensión alimenticia de 2.100 euros a favor de la hija, otra compensatoria de 1.500 euros mensuales y una indemnización de 167.400 euros, con virtud al artículo 1438 del Código Civil que señala que "el trabajo para la casa será computado como contribución a las cargas y dará derecho a obtener una compensación que el juez señalará, a falta de acuerdo, a la extinción del régimen de separación".

ENRIQUECIMIENTO

El juzgado madrileño dio la razón a la exmujer aunque redujo esta indemnización a 108.000 euros. Su exmarido recurrió esta decisión ante la Audiencia de Madrid al defender que el régimen de separación de bienes fue "libremente pactado" y que no se acreditó que "la dedicación de la esposa a la familia haya permitido un incremento de beneficios a favor del esposo, toda vez que la mayor parte del patrimonio inmobiliario fue adquirido con anterioridad a la celebración del matrimonio".

La Audiencia Provincial estimó parcialmente su argumentación, basada en que no se había enriquecido "injustamente por razón de la dedicación por parte de la esposa a las cargas de trabajo".

El Tribunal Supremo rechaza ahora el criterio de la Audiencia de Madrid y respalda el punto de vista del tribunal de primera instancia que llegó a la cantidad de 108.000 euros "en función del sueldo que cobraría por realizar el trabajo una tercera persona, de modo que se contribuye con lo que se deja por desembolsar o se ahorra por la falta de necesidad de contratar servicio doméstico ante la dedicación de uno de los cónyuges al cuidado del hogar".

Los magistrados del alto tribunal establecen así que "el derecho a obtener la compensación por haber contribuido uno de los cónyuges a las cargas del matrimonio con trabajo doméstico en el régimen de separación de bienes requiere que, habiéndose pactado este régimen, se haya contribuido a las cargas del matrimonio solo con el trabajo realizado para la casa".

"Se excluye, por tanto, que sea necesario para obtener la compensación que se haya producido un incremento patrimonial del otro cónyuge", afirma la doctrina. Añade la sentencia que "el trabajo para la casa no sólo es una forma de contribución, sino que constituye también un título para obtener una compensación en el momento de la finalización del régimen".


lunes, 27 de junio de 2011

La boda, paradigma de dominación femenina

El otro día fui de invitado a una boda. Supongo que el hecho de contraer matrimonio ha sido siempre el ritual más importante dentro del mundo privado, un evento que une a dos familias y que crea una nueva que tendrá, sobre todo, la misión de traer hijos al mundo. En ellas cada uno muestra su posición social, su poderío y también sus recursos económicos. Son, como la mayoría de las celebraciones, un circo orientado a la demostración.

Yo me casé hace unos años, ya unos cuantos, cuando las cosas no eran tan exageradas como ahora. También fui en mi papel de novio un personajillo marginal, ese que va vestido de colores discretos para que la novia pueda brillar en todo su esplendor. Desde entonces, y sin haberlo elegido explícitamente, cargo con el peso de ser el aprovisionador de la nueva familia al mismo tiempo que soporto ciertas cosas que se consideran normales por el hecho de ser hombre. Pero eso parece no ser nada a tenor de lo que presencié la otra mañana.

El novio, ataviado como un pingüino hortera con un traje de tan dudoso gusto que dudo muy seriamente que pudiera haberlo elegido él solito, esperó durante un rato larguísimo a una novia que viajaba en un coche imperial, con su séquito y atavíos dignos de la ocasión. Los hombres parecíamos todos uniformados, con trajes oscuros, camisas y corbatas casi idénticas, mientras las mujeres brillaban a nuestro lado con variados vestidos de variadas formas y colores. Ellas fueron las protagonistas en todo momento y nosotros los acompañantes. Lo importante era cuál se había gastado tanto o más en el vestido de cuál otra, de quién eran los complementos y qué peinado era más vistoso.

Aquello me recordó a una colmena donde los zánganos éramos los del traje, las obreras parecían no existir, y luego había reinas de nivel b (las que reinaban en cada una de nuestras parejas, ataviadas como tales reinas) y la reina de nivel A, la del aparente Estado supranacional, vestida de color crudo con velo y una larga cola, acompañada por un ridículo pingüino.

La cosa no terminó ahí. En el banquete nupcial, en un hotel de campanillas, camareros y camareras estuvieron de acuerdo en algo: Se sirve primero a las invitadas y después a los invitados. Al novio le cortaron la corbata y le firmaron los calzoncillos, para terminar dejándolo en paños menores y arrojándolo a la piscina sin miramientos mientras él se dejaba hacer todo lo que quisieran sin protestar, supongo que por exigencias del guión. A ella le cortaron la liga discretamente, casi sin que nadie se enterase. Los invitados e invitadas, a todo esto, no protestábamos: Asumíamos que al novio hay que hacerle todo tipo de perrerías y que a la novia había que respetarla, y considerábamos como muestra de cortesía el hecho de que sistemáticamente se sirvieran las viandas a las mujeres antes que a los hombres.


La boda es el símbolo del poder femenino en nuestra sociedad, la exaltación de la maternidad, del desprecio por todo lo que sea masculino. Se viste al novio como un payaso, se le corta la corbata (símbolo fálico por excelencia), se le bajan los pantalones, se le fotografía en ropa interior, se le lanza a la piscina y se le firman los calzoncillos mientras ella se escuda en la complicidad de los demás y en el poder que va adquiriendo a cada minuto que pasa. No es, como nos quieren contar las ideólogas e ideólogos del género, un engaño en el que la niña pasa de princesa a esclava, sino el inicio de la esclavitud del niño.

jueves, 23 de junio de 2011

Engaños de la propaganda feminista








A veces todo me parece tan simple que me asusta. Aunque la propaganda feminista radical parece habernos dejado tranquilos desde hace un tiempo, supongo que tras el hartazgo de éxitos que han obtenido desde su advenimiento al poder con el gobierno del señor ZP, sigue sin ser el momento de bajar la guardia.

Una sociedad preocupada por la crisis económica, el paro, la imposibilidad de llegar a fin de mes y las telarañas en la cuenta bancaria no tiene tiempo para preocuparse del patriarcado, los violentos piropos de género y otros inventos de la propaganda. Ahora hay que intentar sobrevivir, pagar las deudas que se contrajeron por la mala cabeza y el afán de protagonismo de un buen número de personas vacías y rezar para que las cosas no se pongan peor. La época dorada del feminismo de género ha pasado.

Pasó pero ha dejado huella. Una legislación tan progresista que, al amparo del Tribunal Constitucional, permite que haya un trato diferente hacia las víctimas de la violencia según su sexo. Una exaltación de la maternidad hasta tal punto que por mucho que se aprueben leyes de custodia compartida siguen siendo las madres quienes controlan y dirigen la vida de los hijos manteniendo al padre en el papel marginal de canguro de fin de semana y cajero automático todos los días.

El feminismo radical ha permitido pasar de aquella rancia caballerosidad que consideraba tan "inferiores" a las mujeres que prescribía que había que dejarles el asiento en el autobús y la casa y las rentas cuando uno, en un acto de "hombría" decidía irse con otra, a la concepción de un patriarcado en el que el hombre es el dominador, el explotador, el macho que intenta dominar y a quien no le duelen prendas a la hora de ejercer su poder. Antiguamente el hombre se creía poderoso y por eso cedía privilegios a la mujer, actualmente se considera malvado y son los poderes públicos quienes se ocupan de que ceda lo que su mujer necesite y bastante más.


Uno de las grandes mentiras del feminismo radical ha sido uno de sus dogmas de fe: El hombre es el dominador y la mujer la dominada. Desde hace muchos años, quizás desde siempre, la maternidad ha sido muy valorada y ha constituido el núcleo duro del poder de la mujer. Ellas siempre han tenido la sartén por el mango, mientras ellos, aquellos que se creían poderosos, en realidad han sido unos pobrecillos que necesitaban el convencimiento de la paternidad para salir adelante. Ellas han sido las dominadoras porque ellas eran quienes tenían la llave de la creación de nueva vida. Ellas, óvulos que nunca se movieron de su casa y cuyo trabajo fundamental era elegir al hombre-espermatozoide que habría de fecundarlas. Ellos eran los espermatozoides, seres de usar y tirar, a los que nadie quería pero que se necesitaban sólo mientras cumplían una función.

El hombre, el varón, el macho, nunca ha sido el todopoderoso, sino el superfluo, el inútil, el tonto al que se le hacía sentir importante para que trabajase sin rechistar. Fue y será un instrumento más, del que se obtenía provecho dándole sexo o haciéndole creer que era padre de una criatura. La dominación masculina es un engaño, una falacia: Él siempre ha sido el esclavo.

Ellas siguen siendo los óvulos y nosotros los espermatozoides. Desgraciadamente algunas cosas, casi todas, nunca cambian.